Por Alma Alcántara González |
Algunos añoran una lectura que permita delimitar, moldear, dominar a los jóvenes
Michèle Petit
Es extraño hablar de la lectura en un mes que no es abril. En abril se celebra el día mundial del libro y del derecho de autor, una fecha que invita a la publicación de contenido en torno al tema. En México, esa fecha atrae notas periodísticas que parecen “buitres” sobrevolando el “cadáver” de la lectura.
Basta una búsqueda breve en Google para encontrar notas sobre la disminución de la lectura, según datos del MOLEC (INEGI). Algunos periódicos utilizan la construcción “en peligro de extinción” o elaboran sentencias como “la lectura cae” (me interesa acotar que esta metáfora es más común para hablar del comportamiento del mercado).
Permítanme hacer un breve apunte. Las ferias del libro en México tienen agenda los doce meses del año, las librerías, bibliotecas y salas de lectura tienen actividades programadas semana a semana; pero en abril únicamente se habla de las cifras del MOLEC del INEGI y, casi de manera unánime, hay consenso en el futuro catastrófico de la lectura en México.
Parece que la lectura está por convertirse en un cadáver o, más bien, el horizonte que se visibiliza en los medios está limitado a enfocar un cadáver, negándose a ver el elefante en la habitación: sí hay lectura.
Cifras sin co-razón
El MOLEC del INEGI en 2024 presentó un resumen de 19 páginas que señala la situación de la lectura, principalmente, en Monterrey, Ciudad de México y Guadalajara .
La república tiene 32 entidades federativas y la Ciudad de México; éramos 126,014,024 personas en 2020, distribuidas en 35,219,141 viviendas (INEGI, 2020). Si se considera que el MOLEC toma como muestra 2,336 viviendas (ENCO, 2016), podemos afirmar que dicho módulo estadístico consideró al 0.006% del total de viviendas en México.
Es complicado apresar en poco espacio y tiempo la experiencia de leer. Con un 0.006% tendríamos que, primero, estar cuestionando toda la información cuantitativa que falta por recabar; segundo, si no hemos podido abarcar el aspecto cuantitativo ¿somos capaces de reunir información cualitativa?
Leemos escuchando, leemos microficciones en redes sociales. En la lectura encontramos cómo enunciar nuestra subjetividad. Las lecturas son pospuestas por la llegada de otro libro más excitante o para prestar el libro. Las obras son regresadas al librero con la promesa de terminarlos.
Todas las experiencias enunciadas aquí y las faltantes significan encuentros con los libros, con el otro, con uno como individuo. Con menos del 1% de viviendas y sin información cualitativa, ¿tenemos capacidad para sentenciar la muerte de la lectura?
Morfología de la lectura
Según las notas sobre la lectura, los hábitos de consumo de libros se limitan a cifras, porcentajes y comparativos históricos. Sin embargo, las salas de lectura hacen gala de la acción de leer como un acto de sanación, de experiencia estética y de crecimiento personal y profesional.
Los diálogos permiten conocer experiencias que un cuestionario de siete páginas no puede descubrir. Infancias pidiendo espacios para leer en sus escuelas, lectura de textos (pirata) en internet para acercarse a obras que no pueden costear. Lágrimas y saltos de emoción al encontrar, por fin, un cuento infantil en braille. Personas de la tercera edad que se niegan a dejar los libros. Nada de lo que escribo plantea situaciones hipotéticas, son experiencias que he vivido.
Yo atendí al niño con debilidad visual que lloró por encontrar un libro en braille. Conocí a una niña que quedó como jefa de grupo luego de ofrecer alternativas para establecer un espacio de lectura en el salón. Platiqué con adolescentes que confesaban leer piratería para no perder la oportunidad de conocer novelas, cuentos e historietas. Conversé con una mujer de la tercera edad que se negaba a dejar de leer por la disminución de su vista.
Comparto unas cuantas experiencias que he tenido la fortuna de vivir. Dos oídos y una boca me han bastado para conocer experiencias lectoras que difícilmente pueden atraparse con un cuestionario que busca cifras, porque leer es construir puentes para conocer las subjetividades del otro, para soñar e inventar, no es un proceso acumulativo.
Lecturas banqueteras
Hace mucho se entendió en México que aprender no es memorizar, no importa conocer la fecha de la revolución si no se conoce el ideal que perseguían las y los mexicanos, si no se conoce la pobreza, la desestabilidad que atravesaron pueblos pequeños como los que narran Mariano Azuela y Luis González y González.
La lectura todavía se limita a esquemas bancarios, se describe su situación con metáforas propias de la economía, ¿si no terminas Divergente o La insoportable levedad del ser no cuenta la lectura? Aunque cuantitativamente no pueda sumarse un dígito a la cifra anual de libros, la valentía de una persona no es la misma después de 10 páginas de Tris desafiando una sociedad postapocalíptica (Divergente), tampoco es uno la misma persona después de las primeras páginas de leer a Kundera reflexionar sobre la inexistencia del retorno y la maravillosa levedad.
La acumulación de cifras ha permitido perpetuar discursos que pintan un panorama catastrófico. Según el MOLEC la lectura está en riesgo en el país, sin embargo, afirma eso sin haber levantado información en el otro 99% de viviendas. Aunque dudo que un cuestionario de siete páginas sea la solución. Mientras acumulamos datos, más nos alejamos de lo que tendría que ocuparnos: entender y cultivar la lectura como una experiencia individual y social, como actividad libre y liberadora.
En este texto no propongo una metodología para replantear el MOLEC, me limito a reclamar el derecho que tenemos de apropiarnos de los libros para crear nuestras propias experiencias de lectura. Leer plenamente debería ser un derecho que no atravesemos como un trauma, entre presiones de cifras y el escrutinio periodístico.
Fuentes de referencia
INEGI (2016). Encuesta Nacional sobre Confianza del Consumidor 2015. ENCO. Documento metodológico. https://www.inegi.org.mx/app/biblioteca/ficha.html?upc=702825078058
INEGI (2020). Censo de población y vivienda 2020. https://www.inegi.org.mx/programas/ccpv/2020/